viernes, 7 de octubre de 2016

A LOS ESPAÑOLES NOS GUSTAN GRANDES

Las obras públicas, señores. Me refería a las obras públicas, no se me emocionen. Que alguno seguro que ya estaba imaginando cosas...

Lo dicho: nos gustan grandes. Cuanto más grandes mejor. Da igual si después no sirven, si tienen sobrecostes, deficiencias funcionales o estructurales. Si eran necesarias o no, o si están sobredimensionadas. Si merecía la pena o te has pasado tres pueblos y era mejor hacer algo más pequeño y funcional. Nos ponen una obra grande delante y salivamos como los perros de Paulov

Lo importante es la envergadura, el número de hormigoneras y grúas. El diseño, el acabado, el tamaño. Que sean vistosas para que la gente se deslumbre con ellas y presuma de infraestructura. Aunque luego se nos caigan los trocitos de  Trencadis en el cogote (Ciutat de les Arts, Valencia), el parqué tenga más baches que un patatal y las puntas de los tornillos asomen medio palmo por el interior de los vestuarios a la altura de la cabeza (Palacio de los Deportes de Cartagena) o acaben usándolas cuatro gatos y sea deficitaria (cuatro de cada diez estaciones AVE), con la millonada que ha costado la fiesta. Una millonada que, por cierto, pagamos todos.

Y luego hay que inagurarlas, claro. Por todo lo alto,  preferentemente cuando se acercan las elecciones, a mayor gloria del político de turno. Que uno no se gasta tantos millones (ajenos) gratis, oye. Dentro de cuatro meses toca meter el voto en la urna de nuevo. Así que más vale chapuza de renombre, grande y resultona acabada durante la Legislatura, que obra bien hecha, pensada y aquilatada que pueda tardar más... ¡Vamos, para que se apunte el tanto el otro!

"Burro grande, ande o no ande", que dice el sabio refranero español. Nos ponen la obra delante y babeamos, sobre todo si es tanto o más grande que la del vecino. Si él la tiene, yo también quiero, aunque en realidad no haga falta. Cuanto más grande sea el asunto, pues será que más se han preocupado por nosotros, pensamos. Nos quedamos cegados por el tamaño y las siglas, instigados muchas veces por demagogos que sólo van a sacar partido, ya sea político ("¿Habéis visto qué bueno soy, que os he construido este mamotreto (inservible) ? ¡Votadme otra vez!") o económico (Cuanto más grande es el contrato, más gorda es la comisión que me llevo, como en las obras del AVE entre Elche y Murcia). Gente que se aprovecha de nuestra confianza, jugando con las demandas del pueblo para beneficio propio. Y todo porque no tenemos espíritu critico y no queremos tenerla pequeña (la obra, insisto), no sea que nos digan que somos menos que alguien.

Evidentemente, no pasa con todo lo que se construye, claro, pero hay casos muy flagrantes. Luego vienen las madresmías, los escandalizamientos, las manos en la cabeza... "Pero...¡si con eso se hubieran pagado tres más pequeños, que es lo que hacía falta!", gritamos indignados. Pero si nos lo advierten antes, nos hiere en nuestro orgullo y la pagamos con el incauto por mucha razón que tenga, aunque lo diga de buena fe y por el bien de todos. Desde niño no nos gusta que nos digan “NO”, aunque sea cierto (es verdad que muchas veces nos lo dicen sin razón alguna, con cierto desprecio incluso, pero deberíamos saber reconocer con sinceridad cuando esa respuesta tiene argumentos 
). Ponemos verde al que simplemente quiere poner un poco de sensatez en todo esto, y si encima es de una ciudad vecina, ya ni te cuento: ¡sacrilegio! ¡Vamos, si a un murciano se le ocurre decir, por ejemplo, que una obra en Cartagena es una tontería....!...¡Ya puedes estar en lo cierto, que eres del malvado Ejército del Pimentón sin esperar a que expliques por qué!

Je,.lo más irónico es que luego te echarían en cara que lo podías haber dicho antes... Si es que a toro pasao todos somos muy listos.

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